lunes, 30 de agosto de 2010

Los forasteros en Nueva York somos reconocibles porque vamos por la calle mirando hacia el cielo con la boca abierta

La frase de hoy no se trata de una frase inteligente, o con sentido, o de esas que hacen reflexionar. Seguramente no será ni una buena frase. Pero cuando la leí me trajo recuerdos, y quizás los recuerdos de las cosas que nos han pasado son más importantes que una frase, por muy trascendental que ésta sea.

La frase la leí en el libro "Historias de Nueva York", del periodista Enric González, corresponsal de El País en varias ciudades y que en el libro narra sus experiencias Newyorkers. La frase completa es así:

"Los forasteros en Nueva York somos reconocibles porque vamos por la calle mirando hacia el cielo con la boca abierta. A algunos se les pasa en unos días. Otros llevamos la nuca encajada entre los omóplatos durante meses."

Si me permitís, hoy no voy a reflexionar sobre el nazismo, el rugby o la finitud del universo. Hoy voy a escribir sobre mis recuerdos en (y de) Nueva York.

Realmente, cuando recuerdo mi viaje a Nueva York, en cualquier momento del viaje, en cualquier sitio que estuviera, tuve esa sensación de mirar al cielo y estar absolutamente embobado. Si se me pide una palabra para describir mi estado mental en la semana que estuve sería esa. Embobado. Sólo estuve una semana, pero esa sensación me habría durado meses y al final, tal como dice Enric, tendría la nuca encajada entre los omóplatos.

Hace años, si me dicen de ir a Nueva York, la idea no me hubiera motivado en absoluto. Me la imaginaba una ciudad gris, sucia, fría. Es más, en un cruce del charco sobrevolé Nueva York y el piloto informó que desde estribor (yo estaba sentado a babor) se podía ver la ciudad. Ni me levanté, ni me interesó, ni por supuesto, la vi. Era uno de esos sitios que creía que si no lo visitas no te pierdes nada. Poco a poco, ese sensación de indiferencia fue desvaneciéndose. Quizás es una ciudad que necesita un poco de madurez (y puede que algunos de mis sobrinos no estén de acuerdo en absoluto y me gane alguna reprimenda, aunque en realidad son más maduros que muchas personas ¿adultas? que conozco), porque no es una ciudad fácil. Es una ciudad complicada en la que se decide el destino del mundo. Es posible que el hecho de que se la considere la capital del mundo la haga más atractiva a medida que vas ganando (¿?) sensatez (¿¿¿???). Esa fue mi evolución. Al principio no me interesaba pero luego quise ver con mis propios ojos la capital del mundo. Y por eso fui.

Y la verdad. Mi primera sensación era cierta. Es una ciudad gris, sucia y fría (sobretodo en marzo que es cuando fui). Pero lo que no sabía es que es una ciudad VIVA. Es una ciudad que se mueve, es una ciudad que respira, es una ciudad que bulle y que nunca duerme. No es la ciudad más bonita del mundo. Para mi hay otras ciudades que se podrían disputar ese título. Pero Nueva York es LA ciudad. Frank Sinatra tenía razón.

Parte del embobamiento nace de la sensación que estás en un decorado de cine. Mi primer recuerdo de Nueva York quizás sea algo estúpido, pero es la primera cosa que me embobó y ya no salí de ese estado hasta siete días después. Iba del aeropuerto al hotel. A lo lejos, desde Brooklyn (o Queens, no sé bien por dónde me llevó el chófer) vi el Skyline nocturno con el Empire State iluminado. No es lo que me llamó la atención. Como que lo había visto mucho y es lo que me esperaba ver. Fue cuando llegué a Manhattan, en el Midtown, que vi salir vapor de agua de las "alcantarillas". No me preguntéis el por qué, pero pensaba que eso sólo pasaba en las películas. Y cuando lo vi, es como si me hubiera trasladado a un sitio que sólo existía en mi imaginación y en las películas de Hollywood. Nueva York ya me había ganado a los tres minutos de llegar a Manhattan. Y luego me goleó.

Y el ruido. No todas las ciudades suenan igual. Nueva York es esa sirena del camión de bomberos, el tráfico pasando a tu lado, con un código de claxon que sólo debes aprender si eres taxista (prácticamente los únicos coches que circulan), el metro circulando bajo a tus pies separándote únicamente por una rejilla de acero en la acera, y los infinitos aires acondicionados que funcionan en la ciudad. Ese ruido sólo lo he oído en Nueva York. Y la primera noche que pasas piensas que la ciudad se está cayendo porque sólo oí sirenas de bomberos y de policías. En mi vida he oído tantas sirenas. En mi vida oiré tantas sirenas.

Creo que todos los que hemos ido a Nueva York hemos tenido el momento "Times Square". Soy incapaz de transmitirlo. Los que habéis estado ya sabéis de qué va y los que no, si vais lo descubriréis vosotros mismos y si no vais tampoco os lo podré describir. Son esas cosas que hay que vivirlas, y por mucho que lo intente, no conseguiré describir más que una sombra de lo que es.

Pero mi momento "Times Square" aunque muy intenso, se queda corto al lado de mi momento "Brooklyn Bridge". Es el momento en que Nueva York se grabó a fuego en mi vida. Era un día lluvioso y gris de finales de marzo. Después de haber comido la que ha sido la mejor hamburguesa de mi vida, en un garito cochambroso en la W71 con la Columbus Ave llamado Big Nicks, cogí el metro y fui hasta Brooklyn. Mi idea era cruzar desde Brooklyn hasta Manhattan por el puente más antiguo de la ciudad, y más bonito, mirando siempre hacia los rascacielos del Downtown. Era uno de esos días grises, en los que Nueva York es más gris todavía y llovía. No muy intensamente, pero sí lo suficiente para que moleste la lluvia para pasear. Salí del metro y me fui hacia la pasarela para peatones del puente, y ahí mi momento. En sus 1825 metros de longitud no había nadie. Y lo que es más. Las nubes estaban muy bajas y cubrían la mitad de los rascacielos. La imagen era impresionante, ya que la mitad inferior de los rascacielos era visible, pero la superior desaparecía sobre las nubes.


El cruzar ese puente viendo LA ciudad entre nubes es un recuerdo que jamás olvidaré. En ese momento tuve la sensación que sólo estábamos New York City y yo. Lo demás no importaba. En ese maravilloso puente, con una ciudad, LA ciudad, al fondo y sin nadie alrededor. La vida tiene momentos. Ese fue uno de mis momentos. Esto lo recordaré toda mi vida.

Me quedan muchos momentos newyorkers, pero esos ya son sólo para mí. Si habéis estado o pensáis ir a Nueva York supongo que os pasará lo mismo. Tendréis vuestros momentos. Y en el mismo libro de Enric González he encontrado otro párrafo que lo describe perfectamente. Él lo explica mucho mejor que yo.

"[...] Luego di un paseo por el puente de Brooklyn y permanecí un rato embobado, mirando en la distancia la estatua de la Libertad. Me emocioné un poco. Hay que ser tonto para emocionarse con esa estatua. También hay que ser tonto para no hacerlo."

Eso es Nueva York.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Arbeit macht frei

Quizás esta sea una de las frases más malintencionadas, falsas y rastreras que ha creado la humanidad.

Traducida al castellano es "el trabajo os hará libres". Al principio se trataba de un eslogan propuesto por la República de Weimar en Alemania y que el partido Nazi mantuvo cuando llegó (asaltó) al poder en 1933. El origen de la frase es una variación de la cita bíblica "La verdad os hará libres" (Juan 8, 32) y tenía como objetivo promover el trabajo y la recuperación económica del país después de la I Guerra Mundial.

Hasta ahí nada que objetar... no dejaba de ser un eslogan, más o menos político, como los que hoy corren por el mundo.

Lo que la convirtió en una de las peores frases fue que se inscribió en la entrada de los principales campos de concentración nazis. El más famoso es el que se puso a la entrada del campo de Auschwitz (y a veces se cree que sólo se instaló ahí), pero también se colocaron en los campos de Dachau, Gross Rosen, Sachsenhausen y Neuegamme.


En la foto se ve el cartel a la entrada de Auschwitz I (fijaos que la B está invertida... un acto de rebeldía del "trabajador" judío que la hizo).

Auschwitz no era un único campo. Al final de la guerra constaba de dos campos principales, Auschwitz I (el de la foto) que era un campo de concentración y trabajos forzados y Auschwitz II (también conocido como Birkenau) que era un campo de exterminio. Luego en las proximidades del campo había 48 campos subalternos utilizados por las empresas para la producción de material con mano de obra "barata".

Supongo que ya no se les ocurrió poner el cartelito en Birkenau, porque ya hubiera sido demasiado cínico, incluso para los nazis. Tal como entraban los trenes en Birkenau se hacía la "selección de personal" y se enviaban directamente a las cámaras de gas para aplicar la "solución final" (gran eufemismo que implicó el asesinato de casi 6 millones de personas entre judíos, gitanos, deficientes mentales y homosexuales).

Aunque tuvieron la decencia de no poner el cartelito en los campos de exterminio, no puedo entender cómo tuvieron el valor de ponerlo en los campos de concentración, cuando la forma más sencilla de salir de ahí era con los pies por delante. La capacidad del hombre para el cinismo es ilimitada.

Quizás los nazis dieron esa vuelta de tuerca con la creación de los campos de exterminio, pero ellos no crearon los campos de concentración. El primer registro de un campo de concentración es de la Guerra de Secesión Americana y desde entonces casi todas las naciones "civilizadas" han tenido alguno (EEUU, Francia -curioso que un gobierno de "izquierdas" francés concentrara a los refugiados republicanos españoles...-, Alemania, la Unión Soviética, España, Argentina, Chile, y unos cuantos más). Es más, cuando empezaron a construir los campos, los nazis visitaron a sus entonces amigos soviéticos para aprender el arte de crear recintos para humillar y matar a la gente. En esto, el amigo Stalin ya era un maestro con sus Gulags mucho antes que Hitler fuera algo más que un vulgar cabo austriaco.

No creo que la humanidad tenga capacidad para no repetir las salvajadas del pasado. Pero tenemos que intentarlo. Hay muchas películas y libros que narran el holocausto. Muchos de ellos son excelentes y la lista de recomendaciones puede ser muy larga. Es más, muchas de ellas deberían ser de obligada lectura o visión en los colegios para entrar en la conciencia de los niños. Pero personalmente me quedo con dos: La primera es "La lista de Schindler". Quizás sea un poco sensiblera, pero muestra lo mejor (y sobretodo) lo peor del hombre. La segunda recomendación es un capítulo de la serie "Hermanos de Sangre". Para mi es de las mejores (o la mejor) serie que se ha hecho. En el capítulo 9 "Why we fight" se narra el descubrimiento de un campo de concentración por tropas americanas, sus reacciones y la reacción de los vecinos al campo. Estoy seguro que tendréis vuestras propias recomendaciones.

viernes, 30 de julio de 2010

El mundo es un pañuelo

Ya no es que todos conozcamos esta frase, es que todos la hemos usado en algún momento...

Se dice que "el mundo es un pañuelo" cuando conocemos a una persona la cual conoce a su vez a otra persona que conocemos y que no vemos (en principio) relación directa. Bueno... no hace falta que os explique el significado (y lo limpio o sucio que esté el pañuelo os lo dejo a vuestra elección).

El motivo de la frase de hoy es explicaros la teoría de "los seis grados de separación". Esta es una teoría/leyenda urbana que considera la humanidad como una red y cada persona como un nudo, y entre dos personas (nudos) no hay más de 5 personas (nudos). Dicho de otro modo, cualquier persona del mundo está conectado mediante una cadena de conocidos a cualquier otra persona del mundo por, como máximo, 5 personas (nudos).



Y para muestra, un botón: Entre Barack Obama y yo hay cuatro grados de separación (podrían ser tres, pero hay un paso del que no estoy muy seguro), es decir, siguiendo una cadena de conocidos y si quiero hacer llegar un mensaje a Obama, el mensaje tendría que pasar por cuatro personas para que le llegara.

Esta teoría fue planteada por primera vez en 1929 por el escritor húngaro Frigyes Karinthy en el relato corto "Chains". Esto se basa en que cada persona conoce al menos a 50 personas. Entonces en un segundo grado estamos conectados a 2.500 personas (50x50), en tercer grado por 125.000 (50x50x50) personas, 6.250.0000 en cuarto grado (ya no os pongo las multiplicaciones), a 312.500.000 en el quinto grado y finalmente 15.625.000.000 en el sexto grado. Teniendo en cuenta que la población mundial es del orden de 6.800.000.000 habitantes, en el sexto grado ya cubrimos de sobras a la población de esto que llaman tierra. QED.

Y encima me diréis: "Hombre, yo tengo 200 amigos en el facebook y otros muchos que no están en el "feis", y como esto crece exponencialmente, en sexto grado me salen como mínimo 64 billones (con "b" de bestialidad) de personas, con lo que debe ser cierto (incluso se pueden disminuir los grados), porque seamos sinceros, todo el mundo conoce a más de 50 personas, hasta el más misántropo". Pues dos cosas...

1. Los amigos no son como los Pokemon, no hace falta capturarlos a todos (en el facebook). Mejor calidad que cantidad.
y 2. (y esta es la importante) La demostración matemática de la teoría es falsa. Sería cierta para sucesos independientes, y aquí no hay independencia (ni "Estatut" que valga). Traducido para aquellos no matemáticos: Supongamos todo el mundo conoce al menos a 50 personas. Muchas de estas 50 personas se conocerán entre ellas, con lo que en el segundo grado ya no serán 50x50, ya que de las segundas personas muchas se repetirán. Serán 50 x n (siendo n un número natural menor que 50).

Me he liado un poco con la descripción matemática, pero hacía falta.... Lo siento.

En cualquier caso, puedo tener una conexión más o menos cercana con Barack Obama, pero si quiero enviarle un mensaje a un pastor de caballos de las afueras de Ulán Bator (Mongolia), no sé, pero creo que necesitaré a más de seis personas...

De algunas pruebas que se han hecho (siempre en círculos reducidos y sin ser globales) se extrae que no son seis grados de separación como máximo, sino que de media, son seis grados, cosa que me parece un pelín más razonable.

Y otro tema es para qué le voy a enviar a Obama (o al de Ulán Bator) un mensaje, si no me van a hacer ni caso... Total, que esto de los seis grados de separación es un buen ejercicio teórico, pero sinceramente, no sirve de nada.

Y finalmente, la recomendación. Se trata del libro "Elogio de la impertinencia" de Piergiorgio Odifreddi. Realmente, no os lo recomiendo, porque globalmente, el libro no me ha gustado, pero el capítulo "Qué pequeño es el mundo" trata un poquito sobre este tema. También está película "Seis grados de separación", pero como no la he visto, ni os la recomiendo, ni os la dejo de recomendar.



lunes, 19 de julio de 2010

El fútbol es un juego de caballeros jugado por villanos y el rugby es un juego de villanos jugado por caballeros

Este es un antiguo dicho inglés que define muy bien la contraposición del rugby y del fútbol.

Después de la resaca post-mundial, de la que ya empiezo a estar un poco hartito de encontrarme la "roja" hasta en la sopa (y no hablo del gazpacho), hablaremos un poquito del rugby y del por qué de esta frase, que tiene su gracia.

El rugby tiene su origen en la Inglaterra del siglo XIX y comparte inicio con el fútbol. Ambos deportes se inspiraron en juegos más antiguos, como el Calcio Florentino y otras versiones más o menos medievales de juegos con pelota y cierto contacto (por no decir violento). De hecho, tanto el rugby como el fútbol nace del denominado "fútbol de carnaval", no porque fueran disfrazados, sino porque se jugaba en antes de Semana Santa.

El relato oficial dice que el rugby nació en 1823, cuando William Webb Ellis, un estudiante de teología (quizá por aquello de repartir "hostias") se cansó de las reglas establecidas, cogió la pelota con las manos y marcó un gol. Esta desobediencia a las reglas establecidas se ha premiado con el hecho de que el trofeo que se entrega a los campeones del mundo lleva su nombre (moraleja: sáltate las reglas y todos te recordarán). A mediados del siglo XIX, y con la irrupción del ferrocarril que favoreció su dispersión por el territorio, se hizo necesario unificar las diversas reglas que existían para jugar al rugby. Así, estudiantes de los colegios más elitistas de Inglaterra (Eton, Cambridge,...) se reunieron en una tasca (dónde iba a ser...) y establecieron las primeras reglas del juego (ya empezamos a ver los primeros caballeros). Las reglas fueron evolucionando hasta 1871, momento en que se definieron las principales reglas.

¿Y el sentido de la frase? Pues bien, el rugby es un deporte un poco bruto, pero sus jugadores acatan las reglas, en cambio, el fútbol es un juego más "fino", pero los futbolistas son más tramposos. De ahí que el rugby sea un deporte para villanos jugado por caballeros y el fútbol sea un deporte para caballeros jugado por villanos.

Siguiendo con el rugby, el "dream team" són los "All Blacks", la selección de Nueva Zelanda, llamados así, en un alarde de originalidad, porque van vestidos todo de negro (ya vemos que lo de "voy de negro y no me preguntes el por qué" no lo inventó Loquillo). El rugby tuvo muy buena acogida en algunas colonias británicas, sobretodo en Oceanía, donde el rugby sustituyó a las guerras tribales, para que luego no digan que el deporte es sano...

Algunos equipos oceánicos tienen un ritual antes de cada partido, el "Haka", una danza de guerra tribal maorí. En el vídeo podéis ver un "Haka" que hicieron los "All Blacks" a los "Springboks", que es como se conoce al equipo nacional de Sudáfrica. No os perdáis la cara de acojone del "Springbok" en el minuto 0:22 y la cara de psicópata del "All Black" en el minuto 0:40.



Que se te pongan 23 tíos de 120 kg (el más ligero) delante y que te hagan la señal de que te van a cortar el cuello... la verdad acojona que no veas!

Y para finalizar, dos recomendaciones. La primera es un libro, "El factor humano" de John Carlin, libro que explica la salida de Nelson Mandela de la cárcel y su llegada a la presidencia de Sudáfrica, y cómo un campeonato del mundo de rugby unió a un país destinado a una guerra civil. Y la segunda recomendación, es la película que se hizo del libro: "Invictus" del gran Clint Eastwood.

viernes, 9 de julio de 2010

Alea Iacta Est


Estoy seguro que muchos habéis oído esta frase, aunque el latín ya no se hable ni en las iglesias...
Alea Iacta est o Alea Jacta est es una frase atribuida a Gaius Iulius Caesar, también conocido como Julio César o César a secas (¿inventor de la ensalada que lleva su nombre?... ahí lo dejo para las aportaciones de mis seguidores). A parte de ser el posible inventor de la ensalada César, Julio fue el primer Emperador de Roma, aunque realmente el título que se dio no fue tan monárquico (Roma continuaba siendo una república)... realmente se proclamo Dictator Perpetuus, algo así como un Francisco Franco del siglo I a.C.

Pues bien, como he dicho, Roma era una república gobernada por el Senado, pero con la conquista de la Galia (la actual Francia, Suiza, Benelux y parte de Alemania) por parte de Julio, el hombre ganó mucho poder y el senado intentó, liderado por su "amigo" Pompeyo y pelín asustado el hombre, quitárselo, cosa que al bueno de César no le gustó mucho. Así, con su ejercito que había conquistado la Galia, decidió entrar en Roma en plan Sheriff.

La frontera de Roma D.C. estaba limitada al norte por el río Rubicón, río que debe su nombre al color rojizo de sus aguas (rubí=rojo) por la presencia de arcillas rojas en su cuenca (apunte geológico-hidrológico.... deformación profesional), y existía una ley romana que decía que ningún ejercito romano podía cruzarlo en armas sin autorización del Senado.


En el momento en que Julio César cruzara el Rubicón desataría un conflicto, que en el caso de los romanos de la época significaba directamente una guerra abierta (no se iban con tonterías, la verdad...) y en el momento en que se cruzó el río, Julio César soltó su frase de Alea Iacta est (mucho mejor esta, que no una en plan de: "Pompeyo, no hay sitio para los dos al sur del Rubicón... y yo no me pienso ir", que queda más peliculera pero que no habría pasado a la historia, para decepción de los guionistas de Hollywood).

Y ya os podéis imaginar cómo acabó el tema... con una guerra civil y Julio César coronado con laureles.

Y ahora me diréis... Oye que desde que hice latín en tercero de BUP se me ha oxidado un poquito. Pues bien, la frase traducida es "la suerte está echada" o "el dado está echado". Es lo que se podría decir que se ha cruzado el punto de no retorno y que a partir de ahí, que sea lo que Júpiter (en este caso) quiera.

Y ahora la sorpresa. La frase no es de Julio César, sino que es de Menandro, escritor griego del siglo IV a.C. y uno de los favoritos de César, y que el bueno de Julio no la dijo en latín, sino que la dijo en griego (que como todos sabemos, es mucho más fancy que el latín).

Y hablando de puntos de no retorno, uno de los más curiosos que existen es el de despegue de los aviones. El punto de no retorno es aquel en el que un avión despegando ya no tiene espacio suficiente para abortar el despegue, vamos, que o despegas o te espiñas contra el final de la pista. Espero que nunca superéis ese punto de no retorno.

domingo, 6 de junio de 2010

Hacerse el sueco

Para aquellos que puedan pensar que "hacerse el sueco" es decorar una casa basado en los diseños de una famosa multinacional sueca de muebles, lo siento pero van un pelín equivocados. Aunque démosle tiempo, que seguro que entra como definición...

Fuera bromas, supongo que todos sabréis que "hacerse el sueco" significa no querer enterarse de las cosas y actuar como si no fueran con ellas. Pero, ¿de dónde viene la frase? Porque no me imagino a los suecos como unos tíos pasotas... yo me los imagino altos, rubios, rojizos (después de pasar una semana en cualquier localidad de la costa) y con unas casa que serían el muestrario de la multinacional que os comentaba antes (aunque esto ya no sea exclusivo de los suecos, sólo hace falta ir a la casa de cualquier pareja joven del mundo...).

Indagando el origen de la frase, he encontrado cuatro posibles orígenes que os adelanto, y que cada uno se quede con el que más les guste.

El primero no tiene nada que ver con los suecos de Suecia (ya sabéis, esos altos y rubios) sino que serían los suecos de "Sueca" (ya sabéis, esos bajitos y morenos), localidad valenciana y que cuando iban a la capital (Valencia City) eran tratados de paletos. Es decir, sería una primera versión de los leperos...

El segundo posible origen es de tipo etimológico. Esta teoría sostiene que sueco viene del latín "soccus" que era un zapato bajo de madera... eso que hoy todos llamamos zueco (que es como diría un andaluz "sueco"). Del término "soccus" proviene la palabra "zoquete", y todos conocemos la frase "ser más tonto que un zoquete". Con lo que "hacerse el sueco" sería igual que "ser más tonto que un zoquete".

El tercero y el cuarto tienen origen en sucesos históricos de principios del siglo XIX. El tercero tiene como origen una entrevista entre el embajador de Suecia en Francia y Napoleón Bonaparte (ya sabéis, otro bajito y moreno... y con mala leche). Pues parece ser que Napo tenía la intención de convertir a Suecia en un aliado de Francia, pero los suecos (los altos y rubios, no los valencianos) no estaban mucho por la labor, y la estrategia del embajador fue hacer ver que no entendía a Napoleón, con lo que se hizo el "sueco". Y yo me pregunto... ¿no habían ya traductores? Como se nota que todavía no existía la multinacional de muebles... Hoy en día con un catálogo de esa multinacional podemos ir a Suecia como si fuera un diccionario.

El último posible origen tiene como fuente la "Historia Forgesporánea" del gran Antonio Fraguas "Forges". En ella se explica que en la toma de posesión del nuevo embajador de Suecia ante el rey Fernando VII (lo digo de memoria... si alguien lo sabe, que me lo confirme porfa) se organizó una corrida de toros en su honor, y al ver el toreo, el sueco (el rubio y alto... no sabemos si había algún valenciano) decidió que esto del toreo estaba chupado y salto al ruedo, sin hacer caso de las recomendaciones que le decían que no lo hiciera (seguramente acompañado de algún "este tío está loco), pero el sueco se hizo el sueco y ya podéis imaginar que acabó cual Manolete o Paquirri.
A vuestra elección os dejo el origen que os guste más, pero como servidor es Forgesiano hasta la muerte, me quedo con la última (Palabra de Forges).

N. del B. (o lo que es lo mismo, Nota del Bloggero) Me queda pendiente colgar la viñeta de la "Historia Forgesporánea" en la que se explica este origen. Tan pronto como la encuentre la colgaré.

lunes, 26 de abril de 2010

Hay 10 tipos de personas... las que saben de binarios y las que no

Si entendiste el chiste... es que sabes de números binarios y si no... espero poder aclararte un poco la frase.

El sistema numérico que utilizamos normalmente es el sistema decimal, que como su nombre indica, tiene una base de 10 números, del 0 al 9. A partir de esta base de 10 números se puede formar cualquier número o cantidad que deseemos, sólo hace falta ir añadiendo los números base en un cierto orden... pero no hace falta que os explique cómo se hace ¿verdad?.

Pero se puede cambiar la cosa, utilizando diferentes cantidades de números base. Por ejemplo, otra base numérica muy extendida es el sistema duodecimal, es decir, con base 12. No os habéis dado cuenta de la cantidad de cosas que se cuentan de 12 en 12... los meses, el horóscopo chino, las lunas anuales... ¡Hasta los huevos se cuentan de 12 en 12!. Parece ser que es más fácil multiplicar en base 12 que en base 10, pero siendo sincero, ni lo he intentado.

Volviendo a los números binarios, estos sólo se desarrollan utilizando el 0 y el 1, de tal manera que el 0 es 0, el 1 es 1, pero el 2 es 10, el 3 es 11, el 4 es 100 y así hasta el infinito y más allá... Aquellos que no sepan de binarios... espero haberos explicado el chiste...

Si queréis saber cómo transformar números decimales en números binarios ya la inversa... pinchad en el enlace que ahí lo explica bien.

Y alguno se preguntará... ¿para qué sirve esto?... pues bien, el sistema binario es el sistema que utilizan todos los ordenadores y dispositivos electrónicos. Si habéis oído hablar de un bit, no es más que un "0" o un "1", y en cada momento, el ordenador interpreta ese "0" o ese "1". Vamos... que sin el sistema binario no estaríais viendo esto.

Y ahora no os creáis que esto es un invento moderno... La primera descripción del sistema binario la hizo un matemático indio llamado Pingala en el siglo III d.C. Vamos que no es el último grito...